Margaret Atwood

La escritora canadiense Margaret Atwood (Ottawa, 1939) ha obtenido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2008 en competición con 31 candidatos de 25 países.

Margaret AtwoodEl jurado ha tenido en cuenta, junto a su “espléndida obra literaria”, su “defensa de la dignidad de las mujeres y la denuncia de situaciones de injusticia social”. También ha resaltado como méritos para la concesión del premio su “exploración de diferentes géneros literarios con agudeza e ironía y porque en su obra asume inteligentemente la tradición clásica”. El premio está dotado con 50.000 euros y una escultura de Joan Miró.

Nacida en Otawa, creció en Toronto y pasó sus veranos en el norte de Quebec. En este contexto vital, la historia y el paisaje de su país han influido, de manera significativa, en su escritura, tanto en prosa como poética, ambas de gran calidad (“uno de los primeros intereses de un escritor canadiense debe ser la geología, seguida de la geografía”).

Entre sus obras publicadas en español se encuentran:
- La mujer comestible (1969),
- Resurgir (1972),
- Chicas bailarinas (1977),
- El cuento de la criada (1985),
- Alias Grace, El asesino ciego (2000),
- Oryx y Crake (2003),
- Penélope y las doce criadas (2005),
- La maldición de Eva (2006) y
- Érase una vez (2007).

Aunque Canadá es el contexto geográfico y nacional de su obra, el lenguaje preciso e inquisitivo de toda su escritura, especialmente de la poética (“Siren Song”, “Flying Inside Your Own Body”, “Morning in the Burned House” y “The landlady”), trasciende los límites nacionales y se ocupa, con interés comprometido, de problemas que son hoy universales: el feminismo, el poder en las relaciones interpersonales, la tortura, la política global y el medio ambiente.

Premios

- 1967 Centennial Commission Poetry Competition, Winner
- 1969 Union Poetry Prize, Chicago
- 1981 Companion of the Order of Canada
- 1990 Centennial Medal, Harvard University
- 1994 Chevalier de L'Ordres des Arts et des Lettres, French Ministry of Education and Culture, Paris
- 1999 London Literature Award
- 2000 Booker Prize, máximo galardón literario en lengua inglesa.
- 2003 The Radcliffe Medal
- 2003 Harold Washington Literary Award
- 2005 Edinburgh's International Book Festival Enlightenment Award
- 2005 Chicago Tribune Literary Prize
- 2008 Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2008

BIBLIOGRAFÍA

Novelas
- The Edible Woman (1969)
- Surfacing (1972) - Traducción al castellano por “Resurgir” (1994)
- Lady Oracle (1976) - Traducción al castellano por “Doña Oráculo” (1996)
- Life Before Man (1979)
- Bodily Harm (1981)
- The Handmaid's Tale (1985) - Traducción al castellano “El cuento de la criada” (1987)
- Cat's Eye (1988) - Traducción al castellano “Ojo de gato” (1990)
- The Robber Bride (1993)
- Alias Grace (1996) - Traducción al castellano “Alias Grace” (1999).

Cuentos:
- Dancing Girls (1977) - Traducción al castellano “Chicas bailarinas” (1998)
- Murder in the Dark (1983) - Traducción al castellano “Asesinato en la oscuridad” (1999)
- Bluebeard's Egg (1983)
- Wilderness Tips (1991)
- Good Bones (1992).

Poemas
- The Circle Game (1964)
- The Animals in That Country (1969)
- The Journals of Susanna Moodie (1970) - Traducción al castellano “Los diarios de Susanna Moodie” (1995)
- Procedures for Underground (1970)
- Power Politics (1971)
- You Are Happy (1974)
- Selected Poems (1976)
- Two-Headed Poems (1978)
- True Stories (1981)
- Interlunar (1984)
- Selected Poems II: Poems Selected and New, 1976-1986 (1986)
- Selected Poems 1966-1984 (1990)
- Margaret Atwood Poems 1965-1975 (1991)
- Morning in the Burned House (1995)
- Eating Fire; Selected Poems, 1965-1995 (1998).

Ensayos
- Survival: A Thematic Guide to Canadian Literature (1972)
- Days of the Rebels 1815-1840 (1977)
- Second Words: Selected Critical Prose (1982)
- Strange Things: The Malevolent North in Canadian Literature (1995).

Obras para niños
- Princess Prunella and the Purple Peanut (1995)

Algunos poemas de Margaret Atwood en inglés

Siren Song

This is the one song everyone
would like to learn: the song
that is irresistible:
the song that forces men
to leap overboard in squadrons
even though they see beached skulls
the song nobody knows
because anyone who had heard it
is dead, and the others can’t remember.
Shall I tell you the secret
and if I do, will you get me
out of this bird suit?
I don’t enjoy it here
squatting on this island
looking picturesque and mythical
with these two feathery maniacs,
I don’t enjoy singing
this trio, fatal and valuable.

I will tell the secret to you,
to you, only to you.
Come closer. This song
is a cry for help: Help me!
Only you, only you can,
you are unique

at last. Alas
it is a boring song
but it works every time.

Flying Inside Your Own Body

Your lungs fill & spread themselves,
wings of pink blood, and your bones
empty themselves and become hollow.
When you breathe in you’ll lift like a balloon
and your heart is light too & huge,
beating with pure joy, pure helium.
The sun’s white winds blow through you,
there’s nothing above you,
you see the earth now as an oval jewel,
radiant & seablue with love.
It’s only in dreams you can do this.
Waking, your heart is a shaken fist,
a fine dust clogs the air you breathe in;
the sun’s a hot copper weight pressing straight
down on the think pink rind of your skull.
It’s always the moment just before gunshot.
You try & try to rise but you cannot.

Morning in the Burned House

In the burned house I am eating breakfast.
You understand: there is no house, there is no breakfast,
yet here I am.

The spoon which was melted scrapes against
the bowl which was melted also.
No one else is around.

Where have they gone to, brother and sister,
mother and father? Off along the shore,
perhaps. Their clothes are still on the hangers,

their dishes piled beside the sink,
which is beside the woodstove
with its grate and sooty kettle,

every detail clear,
tin cup and rippled mirror.
The day is bright and songless,

the lake is blue, the forest watchful.
In the east a bank of cloud
rises up silently like dark bread.

I can see the swirls in the oilcloth,
I can see the flaws in the glass,
those flares where the sun hits them.

I can't see my own arms and legs
or know if this is a trap or blessing,
finding myself back here, where everything

in this house has long been over,
kettle and mirror, spoon and bowl,
including my own body,

including the body I had then,
including the body I have now
as I sit at this morning table, alone and happy,

bare child's feet on the scorched floorboards
(I can almost see)
in my burning clothes, the thin green shorts

and grubby yellow T-shirt
holding my cindery, non-existent,
radiant flesh. Incandescent.

Un profundo análisis y unas logradas versiones al castellano de la poesía de Margaret Atwood se encuentran en un ensayo de la filóloga y traductora Amparo Arróspide.

Orfeo (1)

Delante mío caminabas,
atrayéndome
hacia la verde luz que alguna vez
me asesinó con sus colmillos.
Insensible te seguí,
como un brazo dormido y obediente
pero no fui yo quien quiso
volver al tiempo
Había llegado a amar el silencio,
pero mi antiguo nombre era una cuerda
o un susurro tendido
entre nosotros.
Y estaba tu amor,
las viejas riendas de tu amor,
tu voz corpórea...
Ante tus ojos mantenías
la imagen de tu deseo, que era yo,
viva otra vez.
Y por esta esperanza tuya continué,
y así fui
tu alucinación, floral
y oyente
tú me creabas
al cantarme y una piel nueva me crecía
en mi otro cuerpo, envuelto en niebla,
y tenía ya sed, y manos sucias,
y veía ya,
perfilados contra la boca de la gruta,
el perfil de tu cabeza y de tus hombros
cuando te diste vuelta para llamarme
y me perdiste...
Así que no llegué a ver tu rostro,
sólo un ovalo oscuro,
y a pesar de sentir todo el dolor
de tu derrota, debí rendirme,
como se rinden las mariposas de la noche.
Tú creíste
que sólo fui el eco
de tu canto.

Orfeo (2)

Sabiendo lo que sabe
del horror de este mundo,
¿seguirá cantando?
No se dedicó únicamente
a pasear los prados: bajó
con los que no tienen boca,
los que no tienen dedos,
los de nombres prohibidos,
los cuerpos devorados
en guijarros grises
de una costa desierta
que todos temen,
con los dueños del silencio

El, que quiso inútilmente
resucitar a la amada con su canto,
seguirá allí,
en el estadio lleno de los muertos
que elevarán sus rostros sin ojos
para escucharle, mientras crecen
las flores y revientan, rojas,
contra los muros.
Le habrán cortado las manos
y pronto desgajarán
su cabeza del cuerpo
en un estallido
de rechazo furioso: y aunque lo sabe
proseguirá su canto de alabanza
porque cantar es alabanza o desafío.
Y toda alabanza es desafío.

Euridice

El ha venido a buscarte y está aquí,
canción que te llama y quiere que vuelvas,
canción de dicha y de pesar
a partes iguales, promesa

hecha canción, promesa
de que todo será, allá arriba, distinto
a la última vez...
Hubieras preferido seguir sintiendo nada,
vacío y silencio; la estancada paz
del mar más hondo,
al ruido y la carne de la superficie,
acostumbrada a estos pasillos pálidos y en sombras,
y al rey que pasa por tu lado
sin pronunciar palabra.
El otro es diferente
y casi lo recuerdas.
Dice que canta para ti
porque te ama,
no como eres ahora,
tan fría y diminuta: móvil
y a la vez quieta, como blanca cortina
o soplo en la corriente
de una ventana a medio abrir
junto a una silla donde nadie se sienta.
Te quiere "real",
un cuerpo opaco,
sentir cómo se espesa
(tronco de árbol o ancas)
y el golpe de la sangre tras los párpados
al cerrarlos
la llamarada solar...
sin tu presencia no podrá sentir
este amor suyo...
Mas la súbita revelación
de tu cuerpo enfriándose en la tierra
fue saber que le amas en cualquier lugar
hasta en este sitio sin memoria,
este reino del hambre.
Como una semilla roja en la mano
que olvidaste que aprietas,
llevas tu amor...
El necesita ver para creer
y está oscuro.
"Atrás, atrás...", le susurras,
pero quiere que vuelvas
a alimentarlo, Eurídice,
puñado de tul, pequeña venda,
soplo de aire frío,
no se llamará Orfeo
tu libertad...

Fuente: Amparo Arróspide,
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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Domingo, 7 de Septiembre del 2008

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