La leyenda de Maeldun

Maeldun, o Mael Duin, fue uno de los grandes viajeros irlandeses. La última leyenda que habla de su periplo es una mezcla de ideas precristianas y cristianas, en contraste con el mítico viaje de su antecesor Bran.

El padre de Maeldun fue un jefe de las islas Aran que atacó Irlanda, saqueó una iglesia y violó a una monja.

Poco después, fue asesinado por invasores de ultramar, probablemente vikingos.

Como resultado, la monja dio a luz a Maeldun, que fue adoptado por su hermana, la esposa del jefe local.

Sólo cuando los demás niños dijero a Maeldun que era un mal nacido, su madre adoptiva le reveló su origen y le llevó a conocer a su verdadera madre.

Tras esto, partió con tres de sus hermanastros en busca de su padre, pero sólo para descubrir que había sido asesinado.

Deseando vengar su muerte, Maeldún pidió a un druida que le informara de los días más favorables para construir, botar y hacerse a la mar en una barca de cuero hecha con tres pieles. Después, acompañado de sus tres hermanastros y con una tripulación de 17 guerreros, partió hacia un largo y misteriorso viaje de venganza.

La primera isla que encontraron estaba habitada por asesinos, pero no eran los de su padre.

La segunda estaba habitada por hormigas gigantes, tan grandes como caballos, que casi devoran la barca y a su tripulación.

Sin embargo, los enormes pájaros que encontraron en la siguiente no supusieron amenaza alguna, incluso sirvieron de alimento a los viajeros.

Las dos islas posteriores resultaron mucho más peligrosas, de forma que Maeldun y sus hombres sintieron un gran alivio cuando llegaron a la isla de la Casa del Salmón.

Allí hallaron una mansión deshabitada, llena de comida, bebidas y cómodas camas. Recibían salmón fresco regularmente por medio de un mecanismo que arrojaba peces desde el agua hasta la casa.

Gozaron también de lujos similares en la siguiente isla, llena de huertos con deliciosas manzanas.

Sin embargo, se enfrentaron de nuevo al peligro en islas pobladas por criaturas repugnantes, caballos salvajes y feroces puercos.

La Leyenda de MaeldunLa tierra de una de ellas quemaba como un volcán. Entre los extraños seres que encontraron durante el viaje, había cerdos tan gigantescos y terneros tan enormes que no podían ser asados de una pieza; ovejas que cambiaban el color de su lana a voluntad; un sombrío molinero que molía todo aquello que se deseaba en el mundo; toda una población de plañideras; una isla dividad en cuatro reinos separados por verjas de oro, plata, latón y cristal; un castillo provisto de un puente de cristal donde vivía una bella doncella que rechazó el cortejo de Maeldun; ruidosas aves; un solitario peregrino que vivía en un islote que aumentaba cada año gracias a la divina providencia; una fuente mágica que manaba leche, cerveza y vino; herreros gigantes; un mar de cristal; un mar de nubes donde repentinamente aparecían castillos, bosques, animales y un temible monstruo; una isla subterránea de la profecía; un asombroso arco acuático; una columna gigante de plata y una red, de la cual los viajeros cortaron un pedazo como recuerdo; un islote inaccesible; la oferta de la eterna juventud en una isla en la que vivía una reina y sus hijas; frutas venenosas; risa contagiosa; torbellinos de fuego; y un ermitaño que vivía del salmón que recibía cada día de una nutria y de media hogaza de pan que le daban los ángeles.

Finalmente, Maeldun se topó con los asesinos de su padre, quienes, al rogarle compasión, obtuvieron la paz.


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Viernes, 25 de Julio del 2008

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