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El lenguaje literario
¿Quiénes han sido, desde su punto de vista, los hombres y las mujeres que, a lo largo del siglo XX, han sido realmente capaces de estimularnos a reflexionar acerca de nuestra visión del mundo y a modificarla?
Para responder a este atractivo reto he creído conveniente comenzar por la acotación previa de las aportaciones más relevantes a nuestra visión del mundo, según se hubiesen producido en tres lenguajes diferentes (el lenguaje científico, el lenguaje literario y el lenguaje filosófico y/o sociológico) y proceder después a la elección (en la memoria que soy) de los posibles candidatos, siempre como opinión personal y nada canónica.
Con los tres lenguajes (científico, literario y filosófico y/o sociológico) se expresan distintas aproximaciones a la realidad, aunque con epistemologías y metodologías claramente diferentes. El lenguaje literario Cuatro escritores han sobresalido, a mi parecer, en el siglo XX por su capacidad para crear, con la magia de sus lenguajes literarios, un mundo propio que es, en cada uno de ellos, una visión personalísima en la cual nos reconocemos: - Franz Kafka, - Thomas S. Eliot, - James Joyce y - Jorge Luis Borges.
F. Kafka (1883-1924), nacido en Praga, que encarna el "espiritu de nuestra época", nos ha legado una visión implacable y lúcida de nuestro mundo, a la que se ha dado en llamar kafkiana. Un hombre aparentemente inerme ("flaco ,endeble, pequeño"), que trata con obstinación de escapar del poder que le agobia, mediante el genio de su lenguaje literario.
El mundo de Kafka es el mundo del poder, encarnado en la autoridad superior que nunca se justifica y a la que casi siempre se la está esperando, en una infinita postergación. Un poder evasivo, habitualmente invisible, que se ejerce con brutalidad hasta la humillación, y que lleva a extremos insospechados la degradación del cuerpo, hasta provocar (como en "La Metamorfosis") la escisión entre el ser y la conciencia.
Un poder que impone las jerarquías y la subordinación y que origina situaciones caóticas e intolerables dentro de un universo neblinoso, irreal, fantástico, misterioso, inexplicable, siniestro y... kafkiano, en el que lo terrible va a suceder inevitablemente.
Un mundo espeso y agobiante que, por contraste, Kafka nos describe con un lenguaje lleno de claridad y precisión, enfáticamente lógico.
James Joyce (1882-1941) nacido en Dublín y exiliado voluntario e itinerante por Europa (Trieste, Roma, París y Zürich, donde murió), logró conjugar en su obra las más atrevidas innovaciones estilísticas (en este sentido, "Finnegan's Wake" es su obra más difícil) con el más profundo y multidimensional análisis del drama humano, entrevisto a través de su autobiográfico alter ego, Stephen Dedalus, hasta culminar en su monumental obra maestra, "Ulises", la historia de un día (16 de junio de 1904) en la vida de Leopoldo Bloom.
El mundo de Joyce (lleno de complejidad y de aleatoridad) emerge del caos y por ello, a primera vista, el nuevo lenguaje que lo expresa (lleno de alusiones y referencias míticas) aparece como caótico e incomprensible, hasta que se entiende su diseño. En este mundo dramático (hace decir Joyce en "Ulises") "pequeños actos triviales, como frotar una cerilla, pueden determinar el curso de nuestras vidas", con lo que describe por adelantado el llamado "efecto mariposa" y se aproxima a la "teoría del caos".
T.S. Eliot (1888-1965), nacido en St. Louis, Missouri, norteamericano, británico (1927) y esencialmente europeo, encontró el camino para controlar, ordenar y dar significado, mediante su lenguaje poético, a la futilidad y anarquía de la historia contemporánea.
Su experimental e innovador estilo poético, construido con fragmentos que logra disponer con tremenda cohesión y concentrada intensidad expresiva, densamente cargado de renacidas palabras, fascinantes imágenes, brillantes metáforas y renovados mitos, en un ritual incesante de referencias culturales, alusiones y repeticiones (todo ello con un cierto tono nostálgico) es el del poeta intelectual por excelencia, que trata de invocar el orden desde el caos de su mundo, desintegrado, confuso, vulgar y convertido en "Tierra baldía".
Jorge L. Borges (1899-1986), nacido en Buenos Aires y fallecido en Ginebra, con lo que encuentra el fin donde estuvo el principio de su transcendente recorrido europeo, cuyos asentamientos estuvieron en Suiza y en España, consiguió crear, mediante la estructura y el lenguaje de sus historias cortas, y también de su poesía, una visión del mundo que ha terminado por conocerse como borgesiana, dominada por continuos "juegos con el tiempo y con el infinito": un lenguaje penetrante en el que se engarzan metáforas, enumeraciones, deliberados anacronismos, comentarios sobre libros simulados, nunca escritos, atribuciones erróneas e imágenes simbólicas (bibliotecas tan enormes y tan complejas como el universo, laberintos y libros/laberintos, jardines que se bifurcan, espejos, espadas y tigres).
Un lenguaje que, para este escéptico "guardián de los libros" (al que "Dios que con magnifica ironía [me] dió a la vez los libros y la noche") busca como "esencial el hecho estético".
Fuente: Cristóbal Pera, "El siglo XX a través del lenguaje literario", JANO, Medicina y Humanidades, 1999.
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