Huitzilopochtli

Los mexicas (aztecas) originalmente eran una de las tribus nahuas (pueblos prehispánicos), y cuando llegaron al valle de México traían sus propios dioses, entre ellos Huitzilopochtli, a los que sumaron los de las civilizaciones ya establecidas en el valle y de civilizaciones antiguas como la Tolteca, que dominaron la meseta central durante más de tres siglos. Tláloc, Tezcatlipoca y Quetzalcóatl son ejemplos de estas incorporaciones. 

Huitzilopochtligr, es hijo de Coatlicue, que quedó embarazada de él a causa de una bola de plumas que recogió en su templo. Coatlicue, contó a sus hijos Coyolxanuhqui, la luna, y los Centzon Huiznahua, "los cuatrocientos del sur" (las estrellas), lo sucedido, pero éstos lo tomaron como un ultraje y tramaron el asesinato de su madre. Huitzilopochtli nació y mató a muchos de ellos, incluida Coyolxanuhqui, a la que decapitó y cuyo cuerpo arrojó por la ladera, desmembrándose a cada giro.

Huitzilopochtli es el sol y Dios de la guerra. Su nombre se ha traducido como "Colibrí izquierdo"; hay que puntualizar que los aztecas situaban a la izquierda el sur en sus mapas, por lo que su nombre también se traduce como "Colibrí del sur". El paraíso está situado en el sur, quizás por esto Laurette Séjourné afirma que, en el lenguaje esotérico náhuatl (lengua de los nahua), se puede traducir como el alma del guerrero que viene del paraíso. Allí, al paraíso, era donde iban los guerreros que morían en batalla.

Se solía representar a este Dios como un guerrero con la parte alta de la cara pintada de negro, cubierto con una armadura de plumas y llevando en la mano izquierda un escudo y en la derecha el xiuhcoaltl.

En Tecnochtitlan los aztecas construyeron un templo con dos altares, uno consagrado a Tláloc y el otro a Huitzilopochtli, en el que se le ofrecían en sacrificio guerreros capturados en combate: mientras unos sacerdotes sujetaban al prisionero, otro le extraía el corazón con la ayuda de un cuchillo de obsidiana. El motivo de los sacrificios estaba en la creencia de que el dios del sol tenía que ser alimentado, y el único alimento válido para un dios estaba en la sangre humana, de forma que el sol pudiera reponer la sangre perdida en su batalla diaria.

Los aztecas tenían la creencia de que vivimos la quinta era; hubo cuatro anteriores que terminaron en tragedia, pero esta era también se terminará y los sacrificios humanos van destinados a la consecución de un nuevo ciclo de 52 años. La supervivencia depende de Huitzilopochtl.

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Domingo, 6 de Julio del 2008

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