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Fiestas sagradas, las claves del calendario
El calendario, propiciado por la Iglesia Católica, ha transmitido (para el que quiera percatarse de ello), la Gran Tradición: el Hermetismo, la Alquimia, la Astrología, la Masonería Operativa en sus más altas acepciones hasta nuestros días, a pesar de los intentos de "sus bases" de separarla de ella, sin olvidar que la palabra "hermético" nos remite al famoso aforismo "el que sabe no habla y el que habla no sabe".
Esta transmisión se adivina en el respeto a las fechas, la construcción de los edificios sagrados, la iconografía, el cambiante concepto de Arte de cada época (pero, hasta el Vaticano II, conservando los atributos de los Santos, los colores, el canto llano, las procesiones y las fiestas).
En los calendarios se recogen, además del santoral, las efemérides culturales y los días del año, las festividades civiles y religiosas.
Un calendario sirve para organizar nuestro tiempo productivo y de ocio y, en ese marco, las fiestas se suceden según un ciclo anual y, por consiguiente, formulan un sistema de ordenación del tiempo.
Una fiesta cierra un ciclo y abre el siguiente: la fiesta de fin de año conecta con el Año Nuevo para que el ciclo solar se renueve.
Un periodo de tiempo comienza y acaba con una fiesta. Como nuestra memoria es frágil, anualmente se elaboran los calendarios donde se establecen y señalan los días de descanso y los tiempos festivos durante los cuales se interrumpe (sobre el papel, al menos) la actividad laboral.
Por eso, muchos folcloristas y cronistas locales están de acuerdo en considerar a las fiestas como un tiempo sagrado, un tiempo en el que se ordenan las secuencias temporales en cada sociedad.
Ahora bien, la gran mayoría de las fiestas están relacionadas con el ciclo de la Naturaleza. Es verdad que casi todas tienen un origen agrario, que componen a su vez un ciclo folclórico, pero siempre se produce esta correspondencia. A principios del siglo X se produce en la Península Ibérica la aparición de un tema tan concreto como el de los meses del año en algunas construcciones románicas. Según el escritor Castiñeiras-Gotizález, se trata de un hecho sorprendente puesto que, al contrario de la tradición literaria, en el arte hispano no existen testimonios anteriores a dicha fecha.
En tan sólo veinte años, se esculpen en piedra los mejores calendarios medievales hispanos (entre el 1100 y el 1120): en Compostela, en la iglesia de San Isidoro de León, en Gerona y en Santa María de Ripoll, donde se representan estos ciclos vinculados a las labores agrícolas.
Es difícil clasificar las fiestas según el tipo, pero Juan G. Atienza, en su libro "Fiestas populares e insólitas" (1997), indica los cuatro motivos principales que deben tenerse en cuenta y que abarcan todas las festividades conocidas: - El instante iniciático (se refiere a las fiestas que equivalen a ritos de iniciación). - Los valores traspuestos (fiestas en las que se potencia una ruptura del orden establecido). - Los tiempos propicios (fiestas que acercan al pueblo al concepto de lo mágico y lo sobrenatural). - La memoria conservada (festividades en las que el pueblo agradece los favores concedidos del Más Allá). Cabe añadir, también, las profanas.
Para celebrar las fiestas sagradas se emplea la liturgia y las ceremonias. La ceremonia en la liturgia es una acción externa o movimiento, que acompaña las oraciones y los ejercicios públicos de adoración. A estos conceptos, el Concilio de Trento (Sess. XXII, cap. V) agrega las cosas sobre o con las cuales, las oraciones son pronunciadas (por ejemplo, las bendiciones, la iluminación, el incienso...). La suma total de las ceremonias es llamada rito (ritus). La totalidad de ritos es llamada culto (cultus). ¿Por qué se rigen las fiestas "móviles"?
Desde el Concilio de Nicea, los Padres de la Iglesia dispusieron que la Pascua cristiana se celebrase el primer domingo después del primer plenilunio del equinoccio de primavera; por eso, durante la Semana Santa hay siempre luna llena. Veamos el porqué de esta fecha elegida.
El pueblo de Israel, pueblo nómada y pastor, celebraba desde tiempos remotos, al igual que otros pueblos de similares características, una serie de ritos de tipo propiciatorio coincidentes con el equinoccio de primavera para obtener la fecundidad del ganado en la época de la trashumancia que se iniciaba en esas fechas.
Estos ritos consistían en el sacrificio de un cordero joven con cuya sangre pintaban las puertas de las tiendas y que luego comían sin quebrantar los huesos del animal, pues se consideraba que eran símbolo de la resurrección y de la multiplicación de la especie.
Durante la estancia del pueblo judío en Egipto, este rito adquirió nuevo significado de unión con Yahvé y Moisés legisló su práctica: el sacrificio y la comida se harían el día 14 del mes de Nisan, que corresponde al primer mes de primavera y, por tanto, el día 14 es el del plenilunio.
Los judíos se regían por el calendario lunar, de una luna nueva a otra, y comenzaban a contar el año desde el equinoccio, es decir, el momento en que las noches y los días son de igual duración.
Por lo tanto, los primeros cristianos, cuando apenas eran un pequeño grupo marginal, considerados como una disidencia sectaria de la religión judía, celebraban su Pascua en la misma fecha que la hebrea, esto es, el 25 de marzo. Era lógico.
Pero esto suscitó resistencia y oposiciones en la nueva religión. Tras un largo proceso, en el Concilio de Nicea (325 d. de C.) se puso fin al conflicto decretando que la Pascua cristiana fuera una fiesta móvil: su inicio lo marcaría el prímer domingo siguiente de la luna llena o plenilunio tras el equinoccio de primavera, es decir, entre el 21 de marzo y el 25 de abril.
Intentos de cambio posteriores y de transformación en una fiesta fija (aprobado en el curso del Concilio Vaticano II) no han podido imponerse.
La liturgia se vertebra tomando la Pascua como referencia obligatoria: - La Septuagésima se celebra 9 domingos antes de aquél en el que se sitúa la Pascua. - La Quincuagésima o Domingo de Carnaval tiene lugar 7 semanas antes. - El Miércoles de Ceniza se celebra 3 días depués del Domingo de Carnaval, iniciando la Cuaresma (40 días, sin incluir los domingos, hasta Pascua). - Pentecostés se celebra 7 domingos después de Pascua (50 días incluyendo la Pascua). - Por último, 10 días antes de Pentecostés, es decir, un jueves, se celebra la Ascensión, y 10 días después, otro jueves, tiene lugar el Corpus Christi.
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