Vesalio, médico y cirujano de Carlos V

Dentro de la historia del emperador Carlos V ocupa un lugar significativo la larga relación establecida, como médico-cirujano al servicio de su corte imperial, entre el muy famoso anatomista flamenco Andrés Vesalio (nacido en Bruselas en 1514) y el titular del Sacro Imperio Romano.

VesalioRelación que se inicia en el año 1543, precisamente el mismo en el que Vesalio, cumplidos 28 años, publica en Basilea, en la imprenta de Jan Oporinum, la primera edición de su monumental obra "De Humani Corporis Fabrica Libri Septem" ("Los siete libros de la estructura del cuerpo humano") y la presenta al Emperador en la ciudad de Mainz.

En ese mismo año el destino quiso que Nicolás Copérnico publicara también su De Revolucionibus Orbium Coelestium. En De Humani Corporis Fabrica, una de obras más bellamente ilustradas de todos los tiempos por artistas del taller de Tiziano (en una espléndida conjunción de precisión descriptiva, arte y tipografía) no sólo se encuentra el fundamento de la moderna anatomía, sino que a "partir de ella comienza la medicina moderna" (William Osler). La segunda edición de la obra, publicada en 1556, esta vez en Bruselas, está encabezada por la leyenda "Andreae Vesalii bruxeliensis  invictissimi Caroli V. imperatoris medici".

Vesalio, nacido en una familia en la que abundaban los médicos y los boticarios (su padre sirvió en tal oficio al emperador y su abuelo fue médico del emperador Maximiliano I) estudió en la Universidad de Lovaina desde 1529 a 1533, y desde 1533 a 1536 en la Universidad de Paris, teniendo como maestros de una anatomía dogmáticamente galenista a Günther von Andernach y a Jacobus Silvius, de quienes aprendió la disección de animales. El estallido de una de las muchas guerras de aquellos turbulentos tiempos, entre el emperador Carlos V y el rey de Francia Francisco I, le obliga a regresar a Bruselas, en territorio imperial, permaneciendo otro año en la Universidad de Lovaina.

La siguiente etapa en su formación académica como anatomista la cumple en la, en aquellos tiempos, muy creativa Universidad de Padua: el año 1537 consigue el doctorado en Medicina e inmediatamente, con 24 años, es contratado como profesor de anatomía, encargado de las demostraciones en el anfiteatro. En Enero de 1540, rompiendo con la tradición de releer los libros de Galeno desde la cátedra, como hacía Mondino, mientras un barbero-cirujano realizaba la disección del cadáver, Vesalio bajó del sitial y practicó personalmente las disecciones, comprobando manual y visualmente los detalles anatómicos y sustituyendo la lectura acrítica de Galeno, que le había sido enseñada en Paris, por la lectura de primera mano de los cadáveres. El bellísimo y agitado frontispicio de su obra De Humani Corporis Fabrica es una dramática y estilísticamente admirable representación escénica, llena de simbolismos, de la revolución anatómica que iniciaba Vesalio, no tanto por las correciones puntuales al texto galénico, sino, lo que es más importante, por la actitud personal y el método utilizado, empírico y nada dogmático: mientras que el asiento de la cátedra está ahora irónicamente ocupado por un esqueleto, Vesalio lee (ante la expectante y alborotada curiosidad de los numerosos asistentes, todos hombres) el cadáver de una mujer como texto, en cuyo espacio corporal abierto introduce su mano derecha, mientras que los ahora arrumbados barberos-cirujanos, afilan los instrumentos, ocultos bajo la mesa de disección.

La decisión de Vesalio de dedicarse al servicio del poderoso emperador como médico y cirujano de su casa imperial y abandonar sus actividades académicas dedicadas a la anatomía, tomada casi inmediatamente después de la publicación de De Humani Corporis Fabrica, pudo estar relacionada con la decepción y el temor que le provocaron la dureza de las críticas con las que fue acogida su obra, en cuanto era una revolución que sobrepasaba el campo estricto de la anatomía galénica para solaparse con lo que esta anatomía significaba como enseñanza apoyada por la Iglesia. Entre estas críticas fueron especialmente virulentas las de su antiguo maestro el anatomista Jacobo Silvius, de la Facultad de Medicina de Paris, un galenista furibundo. En el año 1556, cuando el emperador  abdicó en su hijo Felipe II parte de su imperio, Vesalio (a quien Carlos V concedió una pensión) se trasladó a España como uno de los médicos de la corte, ahora al servicio del nuevo rey. Durante este tiempo,Vesalio estuvo entre los médicos que asistieron la herida en la cabeza que sufrió Don Carlos, el hijo de Felipe II, al caerse por una escalera en su palacio de Alcalá de Henares. En 1564 abandonó España en peregrinación a los Santos Lugares, muriendo ese mismo año en circunstancias extrañas, en el viaje de retorno por el mar Jónico,junto a la isla griega de Zante.

Por los mismos años que Vesalio, más anatomista que cirujano, adscrito a la corte imperial y a sus ejercitos, recorría las tierras de esta turbulenta Europa (asoladas por una situación de guerra casi permanente), Ambroise Paré, más cirujano que anatomista, aunque escribiera una Anatomie universelle du corps humain (1561) hacía lo mismo en el bando opuesto, al servicio de Francisco I y de sus expediciones guerreras ("como "mes voyages" las relata Paré) y, a la muerte de aquel, de tres de sus sucesores.

El paralelismo en el tiempo, en el espacio geográfico y en  la actividad profesional de estas dos paradigmáticas figuras (Vesalio y Paré) de la historia de la Medicina, "reformadores respectivamente de la Anatomía y de la Cirugía" (Th. Billroth), se hace patente en más de una ocasión: en el mismo año de 1537, al tiempo que Vesalio se doctoraba en Medicina en la Universidad de Padua, muy cerca de aquellas tierras Paré asistía como cirujano militar a la expedición enviada por Francisco I al Milanesado, mientras que en el año 1545, transcurridos tan sólo dos desde la publicación de De Humani Corporis, Paré daba a la imprenta otro libro transcendente en la historia de la cirugía y concretamente del tratamiento de las heridas por arma de fuego: su Methode de traiter les plays faictes par hacquebutes.

No obstante, es cierto que la extraordinaria preminencia como anatomista que alcanzara en su tiempo Vesalio (a pesar de las feroces críticas recibidas) no fue igualada por la conseguida como cirujano. Dionisio Daza Chacón (1513-1595), también cirujano del emperador en aquellas campañas, admiraba las disecciones "milagrosas" de Vesalio, aunque como cirujano le tenía por torpe y lento (F. Guerra, Las heridas de guerra, Universidad de Santander. Facultad de Medicina, 1981), "con una calidad académica en el manejo de las manos que no era necesaria en el campo de batalla" (O´Malley C.D.Andreas Vesalius of Brussels, 1514-1546, Berkeley University of California Press, 1964).

A pesar de todo gozó de gran prestigio como médico y como cirujano en su época, como lo demuestra que en el año 1559 viajara de Bruselas a Paris para ser consultado respecto a la herida en la cabeza, que resultó fatal, que sufriera Enrique II en un torneo, a pesar de la presencia en Paris de Ambroise Paré.

El año de 1543, el del encuentro de Vesalio con el emperador Carlos V para presentarle su obra De Humani Corporis Fabrica, inicio de una relación históricamente memorable, marca un punto de inflexión en la vida de fundador de la Anatomía moderna: él, que se había enfrentado valientemente al dogmatismo galénico defendido por la Universidad y por la Iglesia, saca sus conclusiones y termina por acogerse a la protección del poder del emperador, ante la preocupante presión de los otros poderes.

Fuente: Cristóbal Pera, Jano. Medicina y Humanidades

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Martes, 14 de Octubre del 2008

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