Representaciones meméticas


Los seres humanos repiten insistentemente representaciones -entendidas como brevísimas escenificaciones ante su auditorio- con las que intentan mostrar audiovisualmente y de manera mecánica, sin pasar prácticamente por su conciencia, un cierto juicio ante un problema: estas son representaciones meméticas, en cuanto que se imitan y se replican a gran velocidad en la sociedad. He aquí algunos ejemplos:

Los entrecomilladores

En las reuniones de cualquier tipo y condición y, especialmente, en las tertulias televisivas, cuando uno de los tertulianos se encuentran en el uso y/o abuso de la palabra, de pronto eleva ambas manos a la altura de su frente, con las palmas hacia delante, al tiempo que con el pulgar y los dedos índice y medio de ambas realiza unos rapidísimos movimientos de pinza, mientras exclama tras una de las palabras pronunciadas : "entre comillas"… y continúa su perorata.

De este modo trata de poner en duda o disminuir el verdadero sentido de la palabra que acaba de lanzar. Por ejemplo: "No hay duda de que estamos en una democracia ¡entre comillas! …"

Es una representación memética en expansión porque a cualquier indocumentado le permite hacer el papel de que posee un pensamiento crítico capaz de matizar los conceptos.

Los vociferantes

Representación memética de extrema zafiedad que se ha extendido hasta convertirse en paradigma del comportamiento de la mayoría de las tertulias televisivas que ocupan los primeros lugares en el "share" de la audiencia.

La escenificación memética exige que los tertulianos, por llamarlos de algún modo, hablen muy alto y de manera descompuesta, dando la impresión de que están a punto de llegar a las manos, mientras repiten insistentemente: "¡Déjame hablar!", a lo que añaden un calificativo despreciativo como, por ejemplo, "¡gordito!", con lo que denigran de paso a su presunto adversario en el espectáculo.

En los últimos retoques a la representación memética de los vociferantes, algunos saltan a la mesa de la tertulia y se arrastran por ella para acercarse e intimidar físicamente a su contradictor.

Mientras tanto, el organizador y presunto coordinador de ese espectáculo vocinglero suele adoptar dos actitudes:

a) Cuando la tensión es máxima, se hace enfocar por la cámara para escenificar una media sonrisa cínica que pretende ser medio comprensiva medio reprobadora, aunque siempre trasluce en su mirada una cierta satisfacción porque sabe que en ese momento la audiencia alcanza un "pico".

b) Establece una pugna entre los tertulianos para ver quien vocifera más, aunque a veces, en el fragor de la batalla se hace el mártir e incluso implora de rodillas, con lo que consigue conmoverlos y callarlos durante unos segundos. Cuando este recurso fall, recurre al corte publicitario.
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Jueves, 28 de Agosto del 2008

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