Ícaro

El joven Ícaro, hijo de Dédalo, volaba desde la isla de Creta, huyendo del laberinto y del rey Minos, con las alas de plumas y cera que su padre le había construído, cuando desoyendo el consejo de éste, que volaba a su lado, de no acercarse demasiado ni al sol ni al mar, excitado por la poderosa sensación de volar, se apartó de su padre y se elevó en el cielo, hasta que el tremendo calor solar derritió la cera de sus alas, éstas se deshicieron y cayó al mar.

La escena de la caída, representada en el famoso cuadro de Brueghel ,"La caída de Ícaro", inspiró al poeta W. H. Auden estos versos:

En el Ícaro de Brueghel, por ejemplo, cómo se aleja todo
Calmadamente del desastre; el hombre del arado puede
Que haya oído el chapoteo, el grito desesperado,
Pero para él no era un fracaso importante; el sol brillaba
Como debía sobre las blancas piernas que desaparecían en la verde
Agua;...

Éste es el final de una historia mítica que comienza en Atenas con un talentoso artesano, Dédalo -arquitecto, escultor e inventor-, quien cometió el crimen de asesinar a su sobrino y aprendiz Talus arrojándole desde la Acrópolis, envidioso de que hubiera inventado la sierra.

Enviado al exilio de Creta, al servicio del rey Minos, allí engendró a su hijo Ícaro con la bella Naucrates, una esclava del rey. Por encargo de éste diseño y construyó el Laberinto donde encerrara al Minotauro, el monstruo con cabeza de toro y cuerpo de hombre, fruto de la horrenda unión entre Pasifae, la esposa del rey Minos y un toro que Poseidón había enviado como regalo a éste.

 Según parece, Dédalo descubrió a Ariadna, hija de Minos, el secreto del Laberinto, que ésta traspasó a su amante Teseo, el que consiguió matar al Minotauro. Furioso el rey Minos por esta traición de Dédalo, lo encerró junto con su hijo en el mismo Laberinto que él había diseñado, de donde escapó construyendo dos pares de alas, para él y para su hijo Ícaro.

¿Por qué Ícaro intentó elevarse hasta el sol? Varias son las respuestas posibles: ¿Como desafío a los dioses? ¿En un gesto de arrogancia? ¿Por curiosidad ante lo desconocido? ¿Entusiasmado por la sensación de volar como las aves, hasta el punto de olvidar que sus alas estaban hechas en parte de cera? Atreverse a correr riesgos, aceptar retos siempre es deseable si se quiere ser creativo pero, en todo caso, deben valorarse los materiales con que se cuenta, cosa que Ícaro no hizo.

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Domingo, 7 de Septiembre del 2008

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